Maia y la Ardilla Escondida en el Bosque

En un pequeño pueblo rodeado de un bosque encantado vivía una niña llamada Maia. Tenía el cabello siempre revuelto por el viento y una risa que parecía el canto de los pájaros.

Maia pasaba sus días corriendo entre los árboles con su inseparable compañero: un oso de peluche llamado Bruni. «Eres mi mejor amigo,» le decía Maia mientras lo apretaba contra su pecho. Aunque, en secreto, soñaba con ver algún día un oso de verdad.

A Maia también le fascinaba jugar con las mariposas. Corría detrás de ellas mientras reían y bailaban a su alrededor. Pero su juego favorito, sin lugar a dudas, era el escondite. A veces, parecía que hasta el bosque entero jugaba con ella, escondiendo sus secretos en cada rincón.

Un día, mientras exploraba un claro del bosque, Maia escuchó un susurro. Era como si los árboles quisieran decirle algo. Intrigada, decidió seguir el sonido hasta que encontró una piedra muy peculiar. Sobre ella había grabadas estas palabras:

«Si te diviertes como un niño y juegas como Maia, adivina:
Me escondo entre troncos, hojas y sol, soy suave, salto sin temor. ¿Quién soy?»

Maia frunció el ceño y se sentó junto a la piedra. «¿Qué podría ser?» se preguntó. Miró a Bruni, quien, como siempre, parecía saber la respuesta. «Salto entre los árboles, ¡eso suena a alguien divertido como yo!»

Entonces, de repente, lo vio. Una ardilla juguetona apareció entre las ramas de un árbol cercano, sosteniendo una nuez entre sus patas. «¡Eres tú, pequeña ardilla!» gritó Maia con alegría.

La ardilla dio un par de saltos hacia Maia, como si estuviera felicitándola por resolver el acertijo. Y desde ese día, no solo jugaba con las mariposas y Bruni, sino que también tenía a una ardilla amiga que la acompañaba en todas sus aventuras.

Así que, si algún día visitas el bosque encantado, busca a Maia. Es probable que la encuentres escondida detrás de un árbol, riendo con las mariposas o intentando resolver otro acertijo mágico. ¡Tal vez incluso te invite a jugar!

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