Dorothy vivía en una pequeña casa en Kansas, pero siempre soñaba con aventuras más allá de las nubes. Un día, mientras paseaba con su fiel perrito Toto, un fuerte viento comenzó a soplar. Antes de darse cuenta, un remolino los envolvió, y cuando finalmente aterrizaron, ya no estaban en Kansas.
«¿Dónde estamos, Toto?» preguntó Dorothy, mirando a su alrededor. Estaban en un lugar mágico lleno de colores brillantes, caminos de piedras doradas y extraños árboles con hojas que brillaban como estrellas.
De repente, un simpático León Cobarde salió de detrás de un arbusto. «¡Oh, menos mal que no eres un monstruo!» dijo temblando.
«Hola, soy Dorothy, y él es Toto. ¿Qué lugar es este?»
«Es la Tierra de Oz, pero algo terrible ha sucedido. El Arcoíris que da color y vida a este mundo ha desaparecido. Sin él, Oz perderá su magia.»
Dorothy, siempre valiente, respondió: «¡Tenemos que encontrarlo! ¿Sabes por dónde empezar?»
En ese momento, un Hombre de Hojalata se acercó con pasos metálicos. «Hay un sabio que vive al final del Camino Dorado. Dice que quien resuelva su adivinanza puede encontrar el Arcoíris.»
Así que los cuatro amigos —Dorothy, Toto, el León Cobarde y el Hombre de Hojalata— comenzaron su aventura. Caminaron por colinas verdes, cruzaron ríos brillantes y finalmente llegaron a la cueva del sabio, quien los recibió con una sonrisa enigmática.
«Si quieren encontrar el Arcoíris, deben resolver esta adivinanza:
Soy invisible pero siempre estoy,
a veces traigo tormenta, otras tranquilidad.
¿Quién soy?»
Dorothy pensó un momento. Miró a sus amigos, y Toto ladró como si quisiera dar una pista.
«¡Es el viento!» exclamó Dorothy de repente. «El viento nos trajo aquí, y el viento es quien puede devolvernos el Arcoíris.»
El sabio asintió satisfecho. «Has respondido correctamente. Ahora sigue el Camino Dorado hasta el Valle del Sol, y allí encontrarás el Arcoíris.»
El grupo siguió las instrucciones y llegó al valle, donde encontraron el Arcoíris atrapado entre dos montañas. Con la ayuda del Hombre de Hojalata y el León Cobarde, Dorothy logró liberar el Arcoíris, que se extendió por el cielo, llenando de color todo Oz.
La gente del lugar salió de sus casas, vitoreando y agradeciendo a Dorothy y sus amigos.
«¡Dorothy, eres nuestra heroína!» dijo el León Cobarde, mientras el Hombre de Hojalata asentía emocionado.
Dorothy sonrió y acarició a Toto. «No lo hice sola. Fue gracias a todos ustedes.»
Cuando el viento comenzó a soplar de nuevo, Dorothy sintió que el remolino regresaba. «Adiós, amigos,» dijo con una sonrisa. Y en un abrir y cerrar de ojos, estaba de vuelta en Kansas, con Toto ladrando feliz a su lado.
Desde ese día, Dorothy siempre recordaría que la verdadera magia está en la valentía, la amistad y en los colores que llenan la vida de alegría.
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