Nena era una niña llena de sueños y amor por los gatos. Si por ella fuera, se llevaría a todos los que encontraba en las calles, en los parques o en los jardines.
Pero había un pequeño problema: su casa era tan pequeña que apenas tenía espacio para ella, su muñeca favorita, Paty, y su fiel gata Missy.
Missy era una gata gris con ojos brillantes como la luna, que siempre seguía a Nena a donde fuera. Juntas exploraban el vecindario, soñando con un lugar donde pudieran vivir rodeadas de espacio y felicidad, y quizá con muchos, muchos gatos.
Una tarde, mientras jugaban en el parque, Nena encontró un pergamino bajo un gran roble. Era viejo y polvoriento, pero tenía letras doradas que brillaban al sol. Con emoción, Nena lo desenrolló y leyó en voz alta:
«Para encontrar tu hogar ideal,
resuelve este misterio que no es casual.
Es suave y ronronea al dormir,
pero también sabe a ratones perseguir.
¿Qué es?»
Nena rió al instante. «¡Es un gato, Missy! ¡Como tú!» exclamó abrazando a su gata, quien ronroneó feliz. Pero entonces algo extraño sucedió: el pergamino empezó a brillar, y unas letras nuevas aparecieron:
«Sigue este mapa y hallarás el lugar perfecto,
donde gatos, muñecas y sueños son eternos.»
Intrigada, Nena y Missy siguieron las instrucciones del mapa. El camino las llevó por prados llenos de flores, un bosque mágico donde los pájaros cantaban canciones hermosas, y un río cristalino que reflejaba el cielo. En cada parada, Nena imaginaba cómo sería vivir allí, pero siempre algo faltaba.
Finalmente, al cruzar una colina, llegaron a un valle encantador. Había árboles frutales, un riachuelo que susurraba y un gran campo donde gatos de todos los colores jugaban bajo el sol. En el centro del valle había una pequeña cabaña de madera con una puerta roja y una chimenea que echaba humo. En la puerta, colgaba un cartel que decía: «Bienvenida, Nena y Missy.»
«¡Este es el lugar perfecto!» gritó Nena emocionada. Missy maulló, como si estuviera de acuerdo. Al entrar, descubrieron que la cabaña tenía todo lo que podían soñar: un rincón lleno de almohadas para los gatos, una estantería para las muñecas y un gran jardín para jugar.
Desde ese día, Nena y Missy vivieron felices en su nuevo hogar, donde siempre había espacio para más gatos, más muñecas y, sobre todo, más aventuras. Y si alguna vez pasas por ese valle, quizá encuentres a Nena y Missy jugando bajo el sol, felices de haber encontrado el lugar ideal para vivir.
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